El correr de los días nos da el tiempo necesario como para hacer un balance más prudente y más medido sobre este absurdo thriller.Sucedió lo que estaba previsto. Nos dieron la misma película que habíamos visto en el ‘97. Fuimos nuevamente a cazar leones con un rifle de aire comprimido. Teníamos nafta solamente para 30 minutos y luego debimos soportar el impiadoso monólogo de los temibles Springboks?
¿O no sabían en la UAR que enfrentar a Sudáfrica no era jugar un tocado?
¿Quién aceptó esta temeraria invitación?
O quizás, fue la osadía de un iluso dirigente que se entusiasmó con un batacazo.
¿Un tercer puesto no da chapa como para rechazar una goleada anunciada?
No hay dudas que si hubieran invitado a un equipo del Seis Naciones la respuesta hubiera sido: minga!
¿Se puede rifar un prestigio tan valioso, enfrentando a los campeones del mundo, con un equipo emparchado y con jugadores que estaban pensando en sus merecidas vacaciones?
Y hay que decirlo, esta paliza no es culpa de Los Pumas. Porque dejaron la vida y como siempre, fueron los que se comieron los golpes.
Y surgen mil preguntas y hay pocas respuestas.
¿Quién arregló con Serge Blanco la fecha en que los clubes franceses debían liberar a los jugadores argentinos?
¿Por qué los que actúan en el Reino Unido debieron tramitarse ellos mismos la autorización para jugar en Los Pumas?
Cuando Pichot anunció que no viajaba, ¿por qué no llamaron a Nico Fernández Miranda para conducir el equipo?
¿Por qué no viajó el Ninja Todeschini en lugar de arriesgar el físico de algunos novatos frente a estos tanques de guerra con camiseta verde?
¿Por qué ante rivales más accesibles como Escocia e Italia no se le dio la chance de probarse la celeste y blanca a medio scrums que están pasando por un buen momento (Bruzzone, López Fleming, Figuerola). La excepción fue Lalanne, que entró 5 minutos y juega en la intermedia del SIC.
Qué se podía esperar de un choque ante una de las potencias del Tres Naciones, con un equipo armado a las apuradas y con una semana de preparación.
La respuesta es obvia, una goleada histórica y algunos interrogantes sobre un cuerpo técnico, que hasta ahora, no ha tenido un buen comienzo.
Si hasta la prensa sudafricana, que atrasa 20 años, aprovechó el catégorico 63-9 para burlarse con una crónica oxidada: “Cayó la deshilachada Bajadita”. Seguramente que en otras épocas, la habrán sufrido.
Mario Ledesma, uno de los últimos capos del equipo, fue enfático al referirse al futuro que viene: “El equipo está en un complicado período de transición y si seguimos perdiendo, va a ser terrible”.
Es muy importante que al cuerpo técnico le vaya bien. Pero también se sabe, que no se gana la guerra perdiendo muchas batallas.
Por esto también, es necesario el aporte de algunos Pumas que ante nuestra consulta no dudaron en ponerse a disposición del técnico argentino. Nos referimos a Nico Fernández Miranda, Gonzalo Quesada o Lisandro Arbizu: (“Si me convocan me encantaría colaborar en lo que sea”).
Ahora la pelota la tiene Phelan.
Se sabe que ningún entrenador por mayor conocimiento que tenga de cada puesto tiene la capacidad necesaria para solucionar todos los problemas. Un técnico ganará estatura admitiendo no estar en condiciones de resolver algunas situaciones y recurriendo a quien tenga la experiencia necesaria por haber actuado en el rugby profesional en determinado puesto.
Que así sea.
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